Un partido para la historia

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Un partido para la historia

Notapor Curva » Vie Abr 13, 2012 8:40 pm

http://www.rayoherald.com/9548-un-parti ... toria.html

El partido de este domingo frente al Atlético de Madrid trae a la meroria uno de esos partidos, pocos aunque suficientes, que engalanan la leyenda del club vallecano en sus 88 años de historia.

La gente de la calle recuerda partidos y goles que no se olvidarán en la vida: el gol de Felines ¡de cabeza! al Getafe, que dio el primer ascenso a 1ª División; las victorias ante el Real Madrid con gol de Ezequiel Castillo o ante el Barcelona en el Nou Camp, con gol de Bolo; o el de Pachón al Zamora, del último ascenso a 2ª División. Aquí comienza el repaso de otro de esos partidos que han entrado en la historia del Rayo Vallecano con letras de oro.

Fútbol en Mayúsculas: Rayo Vallecano 4 – 4 At.Madrid

Un Rayo recién ascendido recibía en Vallecas al Atlético de Madrid. No se habían disputado nada más que doce partidos y el equipo ya era último en la tabla con 6 puntos y 6 negativos, tras haber ganado en casa dos partidos (Celta y Valladolid), empatado uno (Mallorca) y perdido dos (Real Madrid y R. Sociedad). Fuera de casa a los de Felines no les había ido mucho mejor: derrota en el Nou Camp por 7-1 (con gol del honor de Zapatera), derrota por la mínima en Castellón, Pamplona y Tenerife, y más abultadas en Las Gaunas (2-0) y La Romareda (3-0).

Los antecedentes eran poco halagüeños y nadie se esperaba lo que iba a ser “una de las más bellas historias de fútbol” vividas en el estadio de la Avda. de la Albufera. Los que pudieron vivirlo in situ hablan de una orgía de fútbol en mayúsculas sobre el barro.Con unas gradas abarrotadas y ocho goles en el minuto 64 se escribió una gesta con nombres como Futre, Hugo Maradona, Baltazar, Berg, Férez, Pizo Gómez o Sánchez Candil entre otros.
Era una tarde especial para un jugador enorme: Hugo Maradona

Contar lo que pasó esa tarde de noviembre no es fácil. Ya en el minuto 3 el Rayo perdía 0-1 con gol de Ferreira y en el 15 Futre le había hecho un “roto” a Cota. Pero era una tarde especial para un jugador enorme: Hugo Maradona.

Las crónicas hablan de un futbolista que ese día se doctoró y se licenció a la vez. El hermano de Diego había llegado a Vallecas con el aura marcada en sangre y eligió para ese día al mejor compañero de viaje, el noruego Berg. Entre ambos remontaron al Atlético tres veces e incluso pudieron ganar el partido si un tiro de Botella no se hubiera estrellado en el palo o el árbitro hubiera pitado un posible penalti de Abel al escurridizo jugador rayista.

No fue una buena temporada para el Rayo Vallecano

Ese Rayo estaba lleno de leyendas, desde la más grande en forma de “Gran Capitán” con Cota (aunque en esa época era Juanito el que portaba el brazalete), hasta la portería con Férez. Enfrente un Atlético con una delantera para el recuerdo: Futre y el brasileño Baltasar. Entre medias apellidos ilustres que cruzarían sus destinos con el tiempo: Sabas, Pizo Gómez, y otros que se recuerdan por Vallecas con regusto a calidad y buen fútbol: Sánchez Candil, Argenta, Zapatera,…
Ese Rayo estaba lleno de leyendas, desde Cota hasta Férez en la portería

No fue un año de éxitos para los rayistas porque el verano traería un descenso tras quedar en el puesto 20º, en lo que había sido la segunda experiencia en la élite del fútbol español, pero el partido contra los del Manzanares no se ha olvidado aún. Ya la portada del AS lo dejaba claro el lunes 27 de noviembre de 1989: “En Vallecas, el delirio”, con foto del primer gol del Atlético: Falta que saca Bustingorri para que Ferreira remate libre de marca al fondo de la portería de Férez, sin que ni Juanito ni Ibarrondo puedan hacer nada por impedirlo.

Un espectáculo para quitarse el sombrero

En páginas interiores Luis Miguel González lo titulaba “Brillante espectáculo” con foto de Futre y Baltazar celebrando un gol abrazados, y palabras como: “Vaya, de antemano, nuestro más sincero aplauso para los dos equipos que ayer, en Vallecas, dirimieron los puntos en litigio. Si hubiera llevado sombrero me lo hubiera quitado en honor del Rayo y del Atlético de Madrid por el brillante espectáculo deportivo que ofrecieron”.

Eran “veintidós guerreros en busca del triunfo” que muy pronto se decantó por el lado colchonero, cuando apenas transcurrido un cuarto de hora Botella se confiaba en un pase hacia la línea de defensa, y por allí aparecía el más listo de la clase, Futre, y ponía el 0-2 en el marcador.

El Rayo no se rendía tan fácilmente, y recordando al “matagigantes” de los años setenta, intentaba la machada antes del descanso con goles de Hugo Maradona y Berg tras el gol de Baltazar. Cinco goles en el descanso eran ya muchos goles. Para después del bocadillo quedaban los dos penaltis que marcaron Juanito y Baltazar, y el éxtasis con el gol del empate definitivo de Berg.

Rayo Vallecano: Férez, Cota, Sánchez Candil, Ibarrondo, Juanito, Berg, Quique Ramos (Vivanco 73′), Hugo Maradona (Zapatera 79′), Argenta, Sabas y Botella.

At.Madrid: Abel, Pizo Gómez, Donato, Ferreira, Tomás, Abadía (Aguilera 70′), Manolo (Marina 79′), Alfredo, Bustingorri, Baltazar y Futre.

Goles: 0-1 Ferreira, 0-2 Futre, 1-2 Hugo Maradona, 1-3 Baltazar, 2-3 Berg, 3-3 Juanito, 3-4 Baltazar, 4-4 Berg.
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Notapor Joakin » Lun May 14, 2012 11:41 pm

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Notapor Curva » Mié May 16, 2012 11:22 pm

http://www.vavel.com/es/futbol/atletico ... lecas.html

La legendaria noche en la que Rayo Vallecano y Atlético de Madrid honraron el fútbol en Vallecas
Fue en la temporada 1989-1990. El Rayo Vallecano había regresado esa temporada a la Primera División. Felines para los rayistas y Javier Clemente para los colchoneros, dirigieron el encuentro desde el banquillo y no podían dar crédito a la sinfonía de goles, un marcador que registraba un empate a 4 entre ambos equipos. Un ritmo frenético con una cadencia delirante y un compás vertiginoso de goles y despliegue físico jamás visto hasta la época. La garra de Hugo Maradona y Berg, las cabalgadas imparables de Futre por la banda y los errores de Tomás Jiménez Moreno (colegiado) marcaron la hoja de ruta del juego.

Si los aficionados del Rayo Vallecano abren la colección personal de recuerdos imborrables del cofre de los tesoros de toda la historia de su equipo, muchos de ellos, sin duda alguna, elegirían aquél 4-4 contra el Atlético de Madrid en la temporada 1989-1990. El ardor del combate que se fraguó aquel día en el barrio de Vallecas recuerda a las batallas homéricas, a luchas titánicas entre gladiadores que defienden a capa y espada el escudo soldado al pecho, cosido sobre la camiseta ataviada con los colores representativos de un sentimiento. Una reminiscencia que evoca, inevitablemente, nostalgia.

Aquel día, las gradas del estadio de Vallecas estaban abarrotadas de colores rojos y blancos. Una amalgama de dos matices que simbolizaban a las dos hinchadas. Las condiciones climatológicas no hacían más que llamar a la épica; el campo, embarrado, dibujaba sobre los uniformes manchas de barro que inspiraba la garra de los jugadores. A ratos lluvia; en otros tímidos rayos de sol que se dejaban asomar entre las nubes.

En los banquillos, una figura ilustre en la historia franjirroja. Félix Barderas, Felines (Ávila, octubre 1943), “el Andrés Iniesta” de su época. Hablar de Felines es hablar del Rayo Vallecano. Sus conceptos están ligados con el barrio, el fútbol que se juega en las calles, aquellas estrellas que no tuvieron la oportunidad de brillar. En la caseta de los colchoneros, Javier Clemente, que tuvo que rendirse ante las decisiones tiranas de Jesús Gil, para destituirle 240 días después de ser contratado, siendo el séptimo entrenador fulminado por el presidente del Atlético de Madrid.

Calidad de las plantillas

Los rojiblancos, un equipo de ensueño con Abel Resino bajo palos y con un Paolo Futre en la parcela ofensiva cuyas galopadas emplazaban a la zaga franjirroja a derribarle a patadas. El Rayo Vallecano, con más coraje que calidad, impuso su condición de local apelando a la casta y al orgullo para defender con honor el linaje del barrio. Un equipo con la base del que ascendióla temporada pasada de la Segunda División, con el hermanísimo de Diego Armando Maradona, ‘El Turco’ Hugo, habitualmente con gasolina solo para 45 minutos, pero que ante los colchoneros apeló al espíritu del ‘Pelusa’ para dar guerra con un gol y una asistencia. En definitiva, un Rayo con un equipo de currantes pero muy limitado en cuanto a habilidades individuales.

El terreno de juego, impracticable para desenvolverse con destellos técnicos y alardes de técnica. Un fútbol práctico, con rapidez y chispa. Tres minutos tardó el Atlético de Madrid para adelantarse en el marcador por medio de Ferreira, tras un centro medido de Bustingorri. La vocación ofensiva de los rojiblancos invitó a que Futre, en el minuto 15, impusiera el ritmo rojiblanco y el dominio con un segundo gol. Los errores de la defensa vallecana, habituales en toda la temporada y que provocó el descenso a final de temporada, ayudaban al equipo de Clemente. Pero la casta llamó a la puerta de los chicos de Felines, que recortaron distancias minutos más tarde con un gol de Hugo Maradona.

Una nueva carrera por banda de Futre, dolor de cabeza para un joven Cota, daba a Baltazar el 1-3 del partido. La ventaja parecía insalvable, sin embargo, aquél día el Rayo Vallecano estaba motivado en el duelo, por lo que nunca bajaron los brazos. Prueba de esto fue la actitud del noruego Ian Berg, que sin ostentaciones de calidad, mitificaba su terrenalidad dando aire al Rayo Vallecano. Juanito, de penalti en el 49, empataba el encuentro a tres.

Corazones a mil pulsaciones

El ritmo del partido era frenético. Un delirante correcalles entre ambas plantillas que levantaba de su asiento a los aficionados, incluso a los del fondo sur de Vallecas, hoy en día sin aforo para dar paso a la (molesta y antiestética) publicidad. La pausa se tomó un descanso aquella tarde-noche para dar paso a una ceremonia de bendición al fútbol en Vallecas.

Los constantes intercambio de golpes que se asestaban entre ellos daba vértigo. Acelerados, expeditivos y diligentes para emprender la actividad goleadora. Así se definían por si solo el último tramo del encuentro. Las fuerzas físicas desfallecían pero la obligación en el objetivo lograba sacar las fuerzas de flaqueza en las fatigadas piernas de los jugadores.

La precocidad de Cota en el lateral derecho causó estragos para el Rayo Vallecano. Quizás, el resultado de un compendio de nervios y de un ímpetu mal controlado no ayudó a que efectuase un buen encuentro. En el minuto 64, Cota derribaba a Bustingorri fuera del área. Los rojiblancos sacaban la falta en corto, y otra vez los mismos protagonistas con la misma acción, pero dentro del área. Baltazar ejecutaba la pena máxima para poner el 3-4 en el electrónico.

No cabía tiempo para las especulaciones. El Rayo Vallecano había ejercido un esfuerzo que no permitiría que se fuera en vano. Por lo tanto, un centro mal colgado de Maradona desde el córner lo hacía bueno Berg para poner el 4-4 minutos después del gol de Baltazar.

Jiménez Moreno, protagonista intermedio en los trepidantes minutos finales

La historia de Tomás Jiménez Moreno está llena de anécdotas. Un árbitro singular, con la polémica cernida sobre su figura. En diciembre de 1988, el Comité Nacional de Árbitros consideró que no volvería a arbitrar hasta que no liquidase sus deudas. La última vez que el árbitro canario pitó un encuentro fue en mayo de ese mismo año. “Nos llegó una información sobre deudas contraídas por Jiménez y denunciadas ante el juez. Realizamos investigaciones y decidimos citarle para que nos aclarase sus problemas”, explicó José Plaza, presidente del Comité, a colación de las deudas de Jiménez Moreno. Tras 8 meses y ya resueltos aquellos problemas económicos, Jiménez Moreno volvió a ejercer de árbitro profesionalen Primera División.

La actuación del colegiado del encuentro ya había sido discutida. El gol de Maradona en fuera de juego, un penalti dudoso o dos sin señalar mancillaban el trabajo del árbitro en Vallecas. Las hinchadas, tanto colchoneras como vallecanas, clamaban contra él, lo que hinchó su protagonismo en la recta final del encuentro. La orgía de goles sobre el barro dio paso a la polémica. Aguilera, Marina o Botella. Los tres tuvieron oportunidades de ampliar el marcador pero ninguno acertó de cara al marco rival. Finalmente, el Rayo apeló a su leyenda de “Matagigantes” de la década de los 70 y el colegiado señaló el pitido final con un legendario 4-4 en el marcador. “Perdimos y ganamos los dos equipos y a la postre venció el fútbol”, resumió brillantemente Paolo Futre.
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